Brillar o no brillar, esa es la cuestión

febrero 1st, 2011

 

Somos seres creativos, queremos expresarnos.

Desde mi punto de vista uno de los atributos distintivos del ser humano es su capacidad de crear cosas.  Tal vez a través de “nuestra creación” buscamos expresarnos, hacernos trascendentes y unirnos al mundo, o tal vez, algo más egocéntrico, hacernos inmortales… Cualquiera que sean las razones, nos sentimos bien al contemplar algo que hemos creado. Cuando nos expresamos tal como somos a través de nuestras acciones, cuando somos nosotros en esencia, únicos, brillamos…

Conozco a más de una persona con una alta capacidad intelectual que dice de sí mismo/a no ser creativo/a.  Yo me pregunto, cómo no va a ser creativo, si la creatividad es algo inherente al ser humano.

Más de una vez he refraseado en mi mente y compartido con amigos aquella línea famosa de Steve Jobs: “Follow your heart and the dots will connect…”  No habia visto su relación con la creatividad hasta leer un libro, Organizing Genius, que me regaló un gran amigo (gracias chato) y que recién leo -en el mejor momento, cabe decir.

Si sigues tu corazón tienes más experiencias, las que más te gustan, y además relexionas más sobre ellas sin tanto esfuerzo, y así es más fácil que conectes los “dots”; es decir, que seas creativo.   Tan simple y contundente, ese sería el pensamiento completo de Steve según este libro.  Con su permiso completo: Ser creativo potenciará tu capacidad para vivir.

Entonces, hay algo que no se nos está enseñando o al menos no de una manera tan clara: A seguir nuestro corazón.

Será acaso que la sociedad nos penaliza cuando seguimos nuestros sueños / nuestro corazón?  Puede ser… Pareciera que lo más seguro es “lo mejor”… así aunque tengamos madera de artista, astrofísico o futbolista, la sociedad nos aconsejará -seguramente desde el cariño- que seamos personas de empresa, abogados o médicos.

Tenemos miedo a ser nosotros mismos? A mostrarnos únicos? A fallar?

Esto es comprensible, vivimos en una realidad que puede dificultar que nuestros sueños se hagan realidad; sin embargo, nunca es tarde para seguirlos si todavia queremos, incluso con una carrera hecha o cualquier otra “restricción”.  Los sueños nunca se olvidan, pero no siempre permanecen inalterables… podemos adaptarlos y encontrar otros nuevos en donde no parecía posible.

Karl Wallenda, el famoso funámbulo dijo: “Being in the tightrope is living, everything else is waiting“. 

Hay que ser valientes, claro.  La valentía, como todas las virtudes, se adquiere con los años, casi siempre de forma inconsciente; aunque tambien podemos trabajar en nuestra valentia, para ello seguramente sea necesario replantear nuestros parámetros, enfrentar nuestros miedos y aprender a tolerar el dolor y la frustración, entre otras cosas.

Creo que es muy valiente incluso el hecho de aceptar que no seguimos nuestro corazón y trabajar para intentar lograrlo… y en ese proceso, mientras aprendermos, ser capaces de promover el brillo entre quienes nos rodean, en cualquiera de nuestros roles: Hermanos/as, colegas de trabajo, padre / madre, amigo/a o jefe/a.

En mi experiencia, pocas cosas hay mejores en esta vida que estar rodeado de gente que brilla.

En ese proceso creo que es bueno recordar que está el fast track vs. your own track y también el saber que “Failing is good as long as it doesn’t become a habit“.  Hay que promover la autonomía y la libertad vs. la restricción que asesina la creatividad.

Y para quienes puedan pensar que a este texto le falta realismo… “realism is a risk factor for depression and its attendant ills, including an inability to act and the loss of self-trust“…  “Great groups are not realistic places, they are exuberant, irrationaly optimistic ones

Un amigo hace muy poco me dejó esta frase que aprendió: “Qué es la utopía? Doy un paso y el horizonte se aleja; doy otro y se vuelve a alejar.  Al final es algo que te hace avanzar”

Después de tanta frase tomada de gente con mucho que decir y muchas reflexiones, de algo estoy seguro… nunca dejaré de buscar ese brillo en mis ojos…

Tolerancia? No, gracias…

diciembre 6th, 2010

 

Hace poco leí el libro el Factor Humano de John Carlin, en el cual se basó la película Invictus, que revela el largo camino personal de Nelson Mandela y el de toda Sudáfrica hacia la libertad.

Reconozco que sabía muy pocos detalles de lo que sucedió en Sudáfrica durante tantos años… Una de las cosas que se me ha quedado grabada ha sido la existencia de una Ley de Servicios Separados por la que los ciudadanos de raza negra no podían hacer uso, entre otras cosas, de las mismas playas que los de raza blanca. Inmediatamente recordé los casos de discriminación hacia el servicio doméstico en Lima que todavía existen, situación  que, espero, está cambiando:

http://www.20minutos.es/noticia/197035/l/peru/playas/racismo/

http://www.eldeber.com.bo/2007/2007-01-19/vernotainternacional.php?id=294

Los mismos amigos estadounidenses de la entrada anterior me comentaron algo que nunca había escuchado y que ellos llaman straight privileges (privilegios de los heterosexuales). Mi novia y yo fuimos con ellos a un bar donde se cantaba música flamenca. Mientras nosotros teníamos muestras de cariño como poner la mano sobre la pierna del otro, ellos no lo hacían.  Fuimos conscientes solamente cuando salió el tema de regreso en casa.

Nos explicaron que ser gay era muy difícil y que constantemente se cortaban de tener este tipo de muestras de cariño en público porque anteriormente ya habían sufrido agravios. No lo podíamos creer… increíble.

Después de estas dos muestras de discriminación aún existentes (podríamos seguir con más casos) me permito presentar un juego de semántica que considero importante, y que también he tomado de la reflexión de estos amigos.

¿Se debe ser tolerante con los homosexuales o con las personas de una condición socioeconómica menor?

La primera acepción de Tolerar en la RAE dice “Sufrir, llevar con paciencia”…  Tanto puede incomodar a una persona heterosexual el hecho de que otra no lo sea? Tanto puede incomodar a una persona de una condición socioeconómica elevada el hecho de que en “sus” playas habituales se bañen también personas de una condición socioeconómica menor elevada? Qué pasa por la cabeza de una persona cuando se incomoda ante lo anterior…? Cuál es su estructura mental y espiritual? Seguramente mucha inseguridad, el aferrarse a ideas anacrónicas sobre las que no ha reflexionado y poco amor.  Con esta acepción, la respuesta a la pregunta original tiene que ser no, porque la palabra tolerancia no aplica.

La cuarta acepción, en cambio, indica que ser tolerante es “respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”. En este caso, la respuesta es sí, y la palabra clave es respetar, aquel “respeto elemental” de Walter Sisulu, compañero de camino de Mandela.

Tal vez por ello, desde hace poco, me inclino por utilizar la palabra respeto en lugar de tolerancia cuando hablo de estas cosas… y no usarlas indistintamente… just in case, just for them, just because it is better.

Pd: Hace algún tiempo, gracias a mi novia, leí Mudanzas. Una cronica sobre la inmigracion de Luis Benvenuty y la frase que saqué fue algo así como: Muchas veces los sentimientos son difíciles de controlar, porque llevan el sello de una sociedad que nos ha hecho durante muchos años… sin embargo, sí que somos dueños de nuestros propios actos y con eso no tenemos excusas.

Democracia? Sí, por favor

diciembre 6th, 2010

 

El mundo ha avanzado mucho en términos de derechos humanos y defensa de las libertades desde la Revolución Francesa…  Incluso, el Nobel de Economía, Amartya Sen, ha vinculado a la libertad como factor del desarrollo de las naciones en su obra Desarrollo y Libertad. En esta línea, estamos quienes creemos que la democracia proporciona a las sociedades que la aplican libertad para su desarrollo pleno, no solamente el (crecimiento) económico.

En la otra cara de la moneda, hay gente que cree que la democracia no está hecha para todos los países (pienso en los latinoamericanos que son los que me quedan más cerca)… esta línea de pensamiento prefiere cierto grado de autoritarismo (o autoritarismo a secas) con mano dura que corrija los evidentes problemas que presentan estas sociedades: Terrorismo, delincuencia, corrupción, narcotráfico…

Entiendo la postura autoritaria… entiendo que se pierda la fe en la democracia al parecer que esta no proporciona ninguna solución contundente a problemas como el narcotráfico en México.  Entiendo, pero no estoy de acuerdo.

El problema no es la democracia… el problema es cómo se está aplicando la democracia.  En la definición de democracia no está escrito “seremos blandos con los terroristas y delincuentes” ni “nos haremos de la vista gorda con los corruptos y narcotraficantes hasta que perdamos el control y sus actos desestabilicen nuestro país”…

La definición amplia de democracia indica que “es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales”.  Y si para lograr esto, la sociedad (el todo) está de acuerdo en que hay que tener mano dura porque tiene sentido y de lo contrario dejaremos de ser libres (por la opresión del narcotráfico por ejemplo), pues se tiene mano dura, porque tiene sentido.

O como acaba de suceder en España con los controladores aéreos… en España existe el derecho a huelga,  claro que sí! Pero amigo controlador, haz una huelga que tenga sentido; no una (“respaldada” por falsas bajas médicas) que afecte a tanta gente, tanta gente, que el gobierno tenga que poner mano dura (militarizarte) y hacer que vuelvas al trabajo para componer el caos (esto sí que tiene sentido)… porque tus derechos conviven con los de los demás.   Habrá gente que diga “pero si tienen derecho a huelga!”, sí, pero insisto, una que tenga sentido.

Desde mi punto de vista el autoritarismo no es una opción… y tampoco se trata de tener una democracia light y sin sentido, sino una que funcione.

Unos amigos de Estados Unidos me comentaban a modo de reflexión hace unas semanas: Qué hubiera sucedido si en cuanto las torres gemelas fueron atacadas, el Gobierno de los Estados Unidos, en lugar de ir a guerra hubiera hecho un alto para preguntar “¿Qué hemos hecho tan mal que ha ocasionado que me ataques de esta forma? Si conversamos seguramente lo solucionaremos; eso sí, no tienes derecho a atacarme, así que no lo vuelvas a hacer” Yo me quedé casi sin palabras ante esta pieza de sabiduría… Lo más normal cuando te atacan siendo la superpotencia mundial parece ser responder con más fuerza; sin embargo, después de esa reflexión parece algo muy primitivo también.  Está demás decir que las leyes y la diplomacia hace mucho que reemplazaron el “ojo por ojo, diente por diente”

Creo que, como sociedad, nos hemos acostumbrado al facilismo de… de todo.  La gran masa quiere todo, lo quiere rápido y de preferencia sin esfuerzo.  Para llegar a una huelga o un conflicto, tendrían que haberse dado muchas conversaciones y negociaciones en las cuales las partes hubiesen expuesto su visión con el objetivo de encontrar un punto de armonía. Creo que tenemos que aprender a ceder y a buscar el momento adecuado al mismo tiempo que defender aquello en lo que creemos; y por supuesto, tener mano dura rápida y contundente (dentro del marco de las leyes que nos protegen a todos) cuando no quede otra opción y tenga sentido.

Por supuesto, hablar (escribir) es muy fácil… hacer, lo que requiere más esfuerzo…

Economía de la felicidad

noviembre 12th, 2010

 

Son muchas caras las que veo en el metro y tan pocas las que parecen felices… estarán las caras felices en los A4…? No parece… Las caras que conducen estos últimos me las cruzo en la oficina, no sólo en la actual, ya van algunas empresas en mi haber… no, la mayoría tampoco parecen muy felices. Igual me equivoco…

Caras serias, con gestos de concentración y dureza, sí, muchas… caras que aparentan felicidad, sí, muchas también; sin embargo, los ojos no brillan…

Cómo medimos la felicidad, eterna pregunta…  es una cuestión de valores? Está claro que los valores son importantes, pero qué medida estamos usando para valorar nuestra felicidad: La cantidad de dinero en nuestra cuenta, el éxito (en qué ámbitos?), el número o la calidad de amigos que tenemos (y mantenemos)… todo se torna muy subjetivo, no hay manuales y en cambio sí mucha incertidumbre. 

Cuál es el afán del ser humano de contar con “recetas” para todo, como si todos estuviésemos cortados por la misma tijera y tuviéramos que seguir un mismo camino (con las mismas botas, vaqueros y camisetas) para ser felices…

Quién y en qué momento nos ha arrebatado la confianza para caminar por nuestro propio camino, aquel en el que aprenderemos a ser fieles a nuestros propios ideales, aquel que nos hará auténticos… porque ser felices tiene que estar necesariamente ligado a ser auténticos.   Y ser auténticos, con seguridad, no es hacer solamente lo que nos pide el cuerpo en cada momento porque no solamente somos materia… ser auténtico, espero, se logra en equilibrio de los tres planos: Físico, mental y espiritual.  Tiene que haber esfuerzo y valentía de por medio, la lucha del día a día (o del día y la noche)

Me gusta creer que la mejor manera de medir la felicidad en las personas es por el brillo en sus ojos, siempre perceptible a quienes están atentos.  Me parece lo suficientemente clara a falta de una medida mejor, el brillo en los ojos:

Si al estar rodeados de nuestros amigos no tenemos ese brillo en los ojos, igual no son tan amigos o al menos no se ha llevado al máximo potencial aquellas amistades.  Si al tener 1 millón de euros en nuestra cuenta no tenemos ese brillo en los ojos, igual nos falta emplear bien (bien de verdad) ese dinero.   Si al haber obtenido el primer puesto en nuestra carrera no nos genera, sí, ese brillo en los ojos, igual nos hemos equivocado de carrera, o al menos no hemos terminado de entender todo lo que la misma nos puede ofrecer. 

Igual tenemos un problema de enfoque… Cuál es la función de la economía y el resto de materias, desde la política, sociología, filosofía, psicología hasta la medicina, biología y las matemáticas… no deberían estar todas al servicio de la felicidad del ser humano?

La economía de la felicidad se está forjando… se forja en el metro y en los A4.  La gente seguramente se pregunta qué está haciendo con su vida y por qué no le brillan los ojos.  En algún momento empezaremos a demandar bienes y servicios que nos aporten brillo. 

Del mismo modo buscaremos trabajos (crearemos empresas y lanzaremos proyectos sociales) en donde a pesar de las preocupaciones del día a día, el entorno haya creado las condiciones para que el estándar sea el control del mal humor y en lugar de tacos y malas caras mostremos un poco más de brillo entre nosotros, porque para decirte lo que puedes mejorar (antes: “lo que estás haciendo mal“) puedo al mismo tiempo sonreir y decirte lo bien que nos lo vamos a pasar en el camino…

Mis ojos brillan, por llegar a mi cama…

Del egoísmo, el libre mercado y el bienestar de la sociedad

noviembre 9th, 2010

 

Una de las ideas generalmente aceptadas sobre economía es que el libre mercado, tal como lo conocemos hoy, es el mejor sistema para incrementar el bienestar de la sociedad puesto que pone de manifiesto las preferencias de sus participantes (oferta y demanda). Otra de las ideas aceptadas es que este sietema se basa en el egoísmo (se suele “culpar” a Adam Smith:  “No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés”).

Puesto que este tema nos afecta a todos, creo que es conveniente reflexionar al respecto.  Erich Fromm, en su recomendable libro “El Miedo a la Libertad” nos explica claramente algo que intuímos:  El individuo renuncia a su individualidad mimetizándose con la sociedad; es decir, se convierte en aquello que la sociedad espera de él. Apunta que esto sucede cuando hace un mal uso de su libertad (libertad negativa o libertad de, como la llama él), y que se da en la mayoría de las personas.

Entonces, quién determina lo que espera la sociedad de nosotros? Seguramente quienes tienen más poder. Si todos somos meros seguidores, el sistema tiene un fallo por corregir, porque cuando creo seguir mis preferencias, en realidad estoy siguiendo las que se me ha hecho creer que son mías.  Oferta, el marketing ético no es tan mala idea…

Por otro lado, qué entendemos por egoísmo? Acaso es lograr únicamente mi máximo beneficio? Parece que este es el pensamiento generalizado… A mí me gusta otro: Depende de la capacidad de amar que cada persona, y por ende la sociedad, ha desarrollado.

Si mi pareja, mis padres o hermanos sufren por algo, yo también siento, en mayor o menor medida, ese sufrimiento.  Si ellos están bien y son felices, yo también lo soy.  Esto sucede porque siento amor por ellos. Si tengo la capacidad de amar a mis familiares de segundo grado y amigos, tendré las mismas sensaciones.  Nuestra capacidad de amar puede ser infinita, y entonces, que la sociedad y el mundo estén bien me puede hacer feliz también. Yo me lo explico a mí mismo como círculos concéntricos, en donde el más interior lo conforma la gente que siento más cercana, y el más exterior sería el universo, pasando por la sociedad y el mundo.  Si tuviera una capacidad de amar que lograse cubrir todos los círculos, entonces mi egoísmo buscaría el bienestar global, no solamente el de mi persona.

Lo curioso es lo siguiente.  Dado que a todos (si no hay psicopatologías de por medio) nos gusta sentirnos amados, sería lógico que todos valorarámos a la gente con una amplia capacidad de amar, y por lo tanto, la tendencia en el mundo debería ser la del segundo concepto de egoísmo: Buscar el bienestar global, no sólo el nuestro.  Sin embargo, esto no es así.  Por qué no?

Seguramente hay más de una razón… me parece que una sería la siguiente:  Estamos acostumbrados a relacionarnos a un nivel superficial, primando en nuestra conversación nuestros gustos y preferencias materiales por encima de los trascendentales.  La gente se sorprende cuando mantiene una buena y profunda conversación (y se siente bien) porque está más acostumbrada a hablar de coches, móviles, chicas/os, moda, fútbol y farándula que del significado de la vida, su razón particular de ser y su felicidad verdadera… todo esto es visto como algo denso y aburrido que incluso asusta.

Si no conocemos los aspectos que conforman la capacidad de amar de una persona no sabremos valorarla… y probablemente no sabremos valorar la nuestra propia, sumergiéndonos así en lo más fácil y “divertido”, llegando a pensar que es lo normal y que aquellos que se preocupan por el bienestar global son los raros y tontos…

Los placeres de corto plazo nos gustan a todos y son necesarios para nuestro equilibrio, pero todo en exceso hace daño, y en cambio la virtud se encuentra en un punto medio… si sólo nos quedamos en lo mundano y no vamos más allá, qué clase de sociedad estamos forjando?

Mi Black Berry suena…

“Las empresas no son organizaciones benéficas”

noviembre 7th, 2010

Evidentemente no lo son… En un artículo del mismo nombre (Companies aren´t charities) de The Economist, semana del 23 al 29 de Octubre de 2010, se nos recuerda que la razón de ser de las empresas es generar beneficios, que estas contribuyen a la sociedad principalmente a trávés de los bienes y/o servicios que ofrecen y que la CSR, en estricto, no es ni una obligación ni su forma de mejorar el mundo, sino simplemente una herramienta de marketing corporativo.

Todo lo anterior es cierto; sin embargo, no olvidemos que las empresas (oferta) dependen de sus clientes (demanda) para generar esos beneficios.  Por lo tanto, somos los consumidores los que decidimos qué ofrecen las empresas y por ello podemos ajustar esa contribución que hacen a la sociedad.  El eterno dilema aquí es la capacidad de organización, las empresas se organizan para realizar su actividad productiva; cuál es la actividad productiva de los consumidores? Podría ser mejorar el mundo? Nos interesa mejorarlo? Claro que sí, vivimos en él. 

El sistema de libre mercado podría darle a la gente la opción de elegir el mundo en el que quiere vivir.  Me parece que a veces se cree que un sistema de libre mercado es aquél que carece de regulación.  En realidad no es así, siempre hay reglas de juego (=regulación), sino que al haber sido definidas hace mucho tiempo se toman como una realidad que no se puede cambiar, y cualquier intento de hacerlo puede verse como un atentado contra el libre mercado… no nos olvidemos que las reglas están hechas para proporcionar bienestar, no para limitarlo.

Si a los bienes y servicios se les otorgara un ranking o clasificación por su contribución a la sociedad del tipo: 1) Normal, 2) Ético, 3) Más Ético; o del tipo: 1) Aporta al Plano Físico, 2) Aporta al Plano Mental, 3) Aporta al Plano Espiritual… el consumidor tendría la opción de decidir qué se ofrece y qué no.

Quién debería decidir qué aporta más y qué menos al desarrollo humano? Nosotros, utilizando el canal establecido: Democracia.  Por ejemplo, qué aporta Un Libro vs Un Chocolate. Está claro que el libro aporta principalmente al plano mental; mientras que el chocolate al físico.  Y los Juguetes de Niños que van de Guerra vs los Juguetes Educativos? Los segundos seguramente serían Más Éticos que los primeros. Y sobre los Programas de TV, qué aporta un Documental frente a un Talk Show? Las revistas pornográficas con sesgo machista (99,9%) o las revistas que elevan el espíritu? Una botella de Alcohol frente a una botella de Agua? Una Caja de Cigarros frente a un Chocolate?  No soy una persona cerrada ni vivo de espaldas a los placeres sensoriales… pero tengo claras las respuestas en algunos de los casos… 

Propongamos alternativas mejores a las existentes, sometamos a votación lo que preferimos;  y si finalmente la gente decide que quiere vivir en un mundo con guerras, donde se cometen abusos y donde mucha gente no cubre sus necesidades básicas, entonces no habrá nada que hacer, simplemente aceptar que la especie humana es así… pero entonces no echemos la culpa a los gobernantes de turno (a quienes elegimos) ni a las grandes corporaciones (a quienes les compramos) ni a nuestros países vecinos (con quienes compartimos el mundo).

… voy a leer un libro con una Heiniken en la otra mano, pensando que, a recursos limitados, igual debería obviar la segunda.